
¿Has notado alguna vez esos bultos blancos que aparecen de vez en cuando en la garganta? No nos referimos a las manchas de pus que pueden aparecer durante infecciones graves como la amigdalitis, sino a esas pequeñas masas pastosas y malolientes que se forman en las amígdalas y que suelen expulsarse al toser o estornudar. ¿Sabes a qué me refiero?
Bueno, estos bultos se conocen como cálculos amigdalinos o tonsilolitos, y no hay motivo de preocupación. Según Alina Bradford de Live Science, estas pequeñas masas son, en su mayoría, acumulaciones benignas de restos de tejido, alimentos y bacterias en las cavidades amigdalinas.
Como mencionamos en un artículo anterior aquí en Mega Curioso, las amígdalas son grupos de tejido linfático que entran en acción cuando inhalamos o ingerimos sustancias que pueden causar enfermedades, activando así nuestro sistema inmunitario. Además, estas estructuras desempeñan un papel vital como barrera protectora que impide que partículas, residuos de alimentos y otros objetos lleguen al sistema respiratorio y a los pulmones.
Según Alina, con el tiempo, estos desechos, junto con las células muertas y las bacterias, se acumulan gradualmente en las cavidades amigdalinas. En respuesta, nuestro cuerpo envía glóbulos blancos para combatir estas sustancias extrañas, y cuando estas células inmunitarias completan su tarea, el resultado es la formación de más partículas sólidas.
Solemos tragarnos estos “restos de la pelea” sin darnos cuenta, lo cual puede resultar desagradable. Sin embargo, si estos fragmentos permanecen alojados en las cavidades amigdalinas, pueden crecer gradualmente y convertirse en las mencionadas masas malolientes.
Según Alina, los cálculos amigdalinos son más comunes en niños y adolescentes, pero pueden afectar a personas de todas las edades. Su presencia en las amígdalas puede causar molestias leves e inflamación, y un síntoma muy común es el mal aliento, debido a la acción de las bacterias que se multiplican en estas pequeñas masas.
Lamentablemente, no hay mucho que podamos hacer para prevenir la formación de cálculos amigdalinos, pero una forma de reducir su incidencia es mantener una buena higiene bucal. Esto incluye cepillarse los dientes después de las comidas, usar hilo dental a diario y recordar también cuidar la lengua para prevenir la proliferación bacteriana.
Como se mencionó anteriormente, los cálculos amigdalinos suelen expulsarse al toser o estornudar. Sin embargo, es posible extirparlos con un hisopo de algodón, aunque puede resultar incómodo para algunas personas. Otra opción es usar un cepillo de dientes de cerdas suaves, siempre que no se sientan náuseas. Además, hacer gárgaras con enjuague bucal o una solución de agua oxigenada diluida en agua también puede ayudar a extirpar estas pequeñas masas. En casos muy raros y extremos, un profesional de la salud puede recomendar la extirpación de las amígdalas como medida preventiva.